El papá de mi ex tenía una cierta fijación con las historias de tesoros, sobre todo las de gente que tenía un golpe de suerte y se encontraba dinero o joyas que alguien había escondido y ya no pudo regresar a buscarlo. Algo de lo que contaba tenía una base real porque había crecido en la zona entre Durango y Coahuila donde hubo mucho bandidaje durante la revolución, así que la gente no llevaba al banco sus ahorros sino que los enterraba en sus propiedades, de preferencia en forma de monedas de oro que era lo único que parecía conservar su valor en esos tiempos.
Por esa razón se emocionó mucho cuando le dijeron que estaban desenterrando cosas viejas en una casa antigua que tenía en el centro de la ciudad, y que estaba acondicionando para darle uso comercial. Los objetos en sí no tenían valor; eran botones, trozos de cerámica rota y algunos palos como de muebles viejos, pero eso bastó para que pusiera a volar su imaginación. Sacó a los albañiles de la casa y se llevó unos peones de confianza para que cuidaran y escarbaran solo en su presencia.
Para despertarle más la ambición un viejito de la zona le dijo que esa casa había sido cuartel federal en la época en que los soldados estaban custodiando el banco local que a pesar de eso fue saqueado, sin saberse bien a bien quién se había quedado con el dinero.
El caso es que durante la remodelación estaban alzando unos cimientos al fondo de la casa y fue al escarbar que empezaron a sacar los objetos. Yo no soy muy supersticioso, pero al estar frente al pozo se tenía la impresión de que algo muy malo había pasado allí. Igual y uno se sugestiona pero todos notábamos eso, aunque claro está, eso de ninguna manera iba a disuadir al dueño de dejar de escarbar.
Lo malo del cuento fue cuando empezaron a sacar los huesos, yo creo que eran al menos seis cadáveres. Parecía como un fusilamiento, en realidad no teníamos evidencia de eso pero era algo de lo que todos estábamos seguros. Mi suegro ni dio aviso a las autoridades, ni detuvo la excavación; pidió que pusieran los huesos en costales y se los llevó, según él al camposanto para darles sepultura.
Supongo que a mi ex suegro le pasaba lo que a los mineros que buscan oro, siempre están pensando que están a un golpe de hacerse ricos y como estaba seguro que si se descuidaba otro se iba a hacer del dinero, dejaba a una persona armada por las noches a cuidar. El caso es que un día llegamos y el velador no estaba y solo había evidencia de que alguien había removido la tierra. Aunque seguimos excavando nunca encontramos ni dinero ni joyas ni nada de valor en ese pozo nauseabundo. Así que se corrió el rumor de que el velador se había madrugado el tesoro porque de otra manera no se explicaba su desaparición; ésto puso al dueño de la finca en estado de desesperación por casi cinco años, se imaginaba al peón dándose vida de rico con lo que él pensaba que era de su propiedad.
Un día le fueron a avisar que el velador había vuelto; junto a dos hombres y se fue a enfrentarlo seguro de que todavía podía recuperar algo. Pero en vez del millonario que esperaba se encontró con una piltrafa humana.; sucio, envejecido y balbuceando incoherencias. Cuando lo encontraron se abrazó a su antiguo empleador y le dijo temblando.
- Patrón, patrón; ayúdeme, ahí vienen los soldados por mí.



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