Como lo mencioné en un libro que escribí en 1997, tengo la firme creencia de que hacer deporte destruye. Así es, hamijos. No me refiero a deportes "normales" como jugar al balero o de repente entrar a un torneo de canicas. Me refiero a esas actividades nocivas como jugar fucho todos los domingos, jugar baloncesto aquí y allá, jugar frontón a bordo de una tabla de surf en la playa cada miércoles después del trabajo.
¿Cómo sé esto? A lo largo de esta vida que obtuve sin haberla solicitado, he recibido relatos de ayes y de auches, por parte de mis amigos deportistas.
Ay, me torcí el tobillo.
Aaaaay, una esguince fea.
Aaaay, me fauliaron y no puedo caminar.
Aaaay, me pusieron mucho peso en las pesas y creo que ya no podré caminar jamás.
Van a la guerra y lloran porque les dieron un balazo en la frente. Jodidas maricas.
Sí, esos compañeros están ligeramente más fuertes que un servidor, pero por dentro están podridos, hamijos. Podridos. Y algunos están bien pinche gordos. Y ninguno ha sido hasta ahora beneficiado por una beca de la CONADE o como se llama esa cosa similar al Teletón para gente que suda mucho.
Además, el hacer deporte te aleja de tu familia, a menos que a tu familia también le hayan extirpado alguna parte del cerebro y crea que el deporte le va a hacer un bien a su organismo. Y gastas más si lo quieres hacer bien. Porque tienes que comprar accesorios: rodilleras, tenis especiales, chorcitos, ropa deportiva. Y si te vas por la opción barata, estás condenado a cien años de fut llanero entre piedras y cabras. Eso no le hace bien a nadie; podemos en ello de acuerdo estar.
Si van a exponer su cuerpo con la esperanza de estar más delgados o más fuertes, coño, déjense de mamadas y constrúyanle una casa a su vecino. Carguen bultos de cemento, levanten muros, SEAN PINCHES ÚTILES. La gente a su alrededor los respetará, amará y honrará. No importa que sigan igual de gordos o huelan igual de feo.
No hagan deporte. Mi consejo de hoy, hamijos. Sólo mi consejo de hoy.
Opinen, que para eso estamos en el mundo. Para opinar.



Citar y responder


Desafortunadamente el tiempo ha pasado ya, y la pelota que arrojé cuando jugaba en el parque, ya ha tocado el suelo.


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