Tantos momentos gratos he pasado en compañía de una pequeña tortuga con escape y monóxido de carbono, oliéndola acá callada la onda. Chelito, por si alguien pregunta. Y entonces esos gases han dado a mi vara mágica poderes, concesiones y bueno, pues a grandes poderes grandes cómo ven que pueden pedir su cambio de nombre, so pollinos.
Un golpeeee dos golpes y lo único que tienen que poner:
– cómo chingada se llamaban antes
– los cuatro últimos seudónimos que han tenido
– cómo se quieren llamar, cálidas morsas.
Es necesario, chingados sacos de liendres, que pongan todos los datos o mi varita de inmediato ganará eso a lo que las mujeres de la seducción llaman flacidez. Y entonces todo será triste para todos menos para mí porque tengo a mi tortuga.
Acá, callada la onda. ACÁ, CALLADA.
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