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  1. #31
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    El honor del samurai - takashi matsuoka



    ¿Puedes ser como el ciego frente a un cuadro, el sordo en un concierto, el muerto en un banquete?
    Si no puedes, entonces deshazte de tu catana y tu wakizashi, tu arco de dos metros, tus flechas con plumas de halcón, tu caballo de combate, tu armadura y tu nombre. Careces de la disciplina necesaria para ser un samurai. Hazte granjero, cura o comerciante.
    Evita también a las mujeres hermosas. Son demasiado peligrosas para ti.

    SUZUME-NO-KUMO, 1777

  2. #32
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    No se si esta aplique aqui, por que no es un libro, es novela grafica,

    Sandman - preludios nocturnos

    "Mira a tu alrededor, Morpheus. El millón de señores del infierno que te rodean. ¿Por qué deberíamos dejarte marchar? Con o sin yelmo, no tienes poder aquí... ¿qué poder tiene el sueño en el infierno?"
    "¿Que no tengo poder? Quizás digas la verdad... Pero... ¿Que el Sueño no tiene poder aquí? Dime Lucifer... Preguntaos, todos... ¿Qué poder tendría el Infierno si los aquí encerrados no soñasen con el cielo?"

  3. #33
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    ¿O quizás debería abrir un teatro para la representación de vuestras fantasías? Ése sería un buen trato, yo desnudaría mi cuerpo siempre que vosotros desnudarais vuestras almas. Os fui escogiendo uno a uno, acechando el abrevadero de vuestros ensueños, aunque no lo pretendía.

    Llámalo deseo - José Luis Rodríguez del Corral

  4. #34
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    —Me bautizaron como luterano —anunció—. Una secta que ya no existe. Yo contribuí
    a crear el gnosticismo zen antes de que vuestros padres hubieran nacido. He sido
    católico, revelacionista, neomarxista, devoto de la interfaz, asceta, satanista, obispo de la
    Iglesia de la Nada y miembro del Instituto de la Reencarnación Garantizada. Me alegra
    decir que ahora soy un simple pagano, y el Alcaudón es una deidad muy aceptable.

    Hyperion - Dan Simons

  5. #35
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    nezayork
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    "Dios no juega a los dados con el universo. Juega a un juego inefable de Su propia invención que podría ser comparado, desde la perspectiva de los demás jugadores [es decir, todo el mundo], con estar en una oscura y compleja variante del poker en una habitación oscura, con cartas en blanco, con apuestas infinitas y con un croupier que no explica las reglas y que sonríe todo el tiempo."
    Terry Pratchett & Neil Gaiman, Buenos Presagios

  6. #36
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    Podar árboles
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    Alcé la cabeza para ver quién gritaba, y por vez primera el sol besó mi desnudo rostro, y mi alma
    se inflamó de amor al sol, y ya no quise tener máscaras. Y como si fuera presa de un trance, grité:
    -¡Benditos! ¡Benditos sean los ladrones que me robaron mis máscaras!


    Gibrán Khalil Gibrán - El loco

  7. #37
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    tirar la basura
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    Éstas líneas me atraparon desde la primera vez que las leí:

    “No hay en el mundo fortuna mayor, creo, que la incapacidad de la mente humana para relacionar entre sí todo lo que hay en ella. Vivimos en una isla de plácida ignorancia, rodeados por los negros mares de lo infinito, y no es nuestro destino emprender largos viajes. Las ciencias, que siguen sus caminos propios, no han causado mucho daño hasta ahora; pero algún día la unión de esos disociados conocimientos nos abrirá a la realidad, y a la endeble posición que en ella ocupamos, perspectivas tan terribles que enloqueceremos ante la revelación, o huiremos de esa funesta luz, refugiándonos en la seguridad y la paz de una nueva edad de las tinieblas.”

    Howard Phillips Lovecraft - La Llamada de Cthulhu - El Horror en Arcilla

  8. #38
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    nezayork
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    Y aun cuando ese momento llegara, Genji seguiría siendo afortunado. Moriría sin temor, bañado en su propia sangre, en los brazos de una mujer hermosa que lloraría por él.
    ¿Qué más podía pedir un samurai?


    El honor del Samurai - Takashi Matsuoka

  9. #39
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    noviembre-2011
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    Comprar facturas
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    Había, dicen, otro canto de amor a Stalingrado, más nerudiano aun, es decir, menos accesible a las masas lectoras. Lo objetaron. Se necesitaba algo distinto. Entonces nació este que un endecasílabo perfecto titula y donde los más fáciles consonantes de la lengua se enlazan, medidos y ritmados, a los asonantes menos difíciles.

    Y es que los poetas, como los gobiernos, cuando duran un poco tienen que enfrentarse con la realidad y, fatalmente, abandonado el rigor de sus doctrinas revolucionarias, tienden a convertirse en gobiernos y poetas conservadores, parecidos a la tradición.

    Así Neruda, así Rusia.

    Naturalmente, algo les queda: las aguas del mar no se retiran sin dejar humedecida y aun espumosa la ribera; y los seguidores de lejos, que no iniciaron la marea, tardan, asimismo, en regresar; pero el movimiento, desde alguna distancia, se percibe. Oleadas oceánicas, ideológicas, estéticas, quién ha visto algunas ya puede predecirlas: porque “lo que ha sido, es y lo que es, será”. Y nada hay nuevo bajo el sol.

    ¡También Pedro Prado, hace treinta años, escandalizaba!

    Curado de espantos el público, ahíto de sobresaltos, empieza a tranquilizarse justamente cuando el poeta, saturado a su vez de atrevimientos, sin más apetito de audacias, comienza a moderarse y descubre el placer de la sujeción.

    “Yo escribí sobre el tiempo y sobre el agua,

    describí el luto y su metal morado,

    yo escribí sobre el cielo y la manzana,

    ahora escribo sobre Stalingrado

    Ya la novia guardó con su pañuelo

    el rayo de mi amor enamorado,

    ahora mi corazón está en el suelo,

    en el humo y la luz de Stalingrado”.

    Pasan las estrofas como sobre rieles, aquí y allá por costumbre, por resabio inveterado, tal cual trisadura y reminiscencias del viejo desvarío. Y algún ripio impúdico.

    “Yo sé que el viejo joven transitorio

    de pluma, como un cisne encuadernado,

    desencuaderna su dolor notorio

    por mi grito de amor a Stalingrado”.

    “Notorio” está ahí, notoriamente para rimar con transitorio y viceversa. Nada más. El cisne encuadernado sustituye bien la mariposa disecada a la momia y sus bandeletas de oro, equivalentes. Esa pluma, puesta al azar, no se sabe dónde resulta pasablemente

    humorística o simplemente ridícula.

    Son las inevitables caídas que compensarán con amplitud las sucesivas elevaciones que hay después, hermosísimas, felices, de poesía verdadera.

    Sin embargo...

    ¿Alcanza esta oda heroica —hay que darle su nombre— la plenitud de su propósito? ¿Resuena esta voz en un ámbito tan vasto como lo pedía la ocasión y tiene esa “entonación alta y robusta” esa trascendencia histórica exigida por las circunstancias? ¿Era una palabra, Neruda, el poeta para cantar a Stalingrado?

    Él lo dice.

    Nosotros podemos ponerlo en duda, aún admirando la oda, aún reconociendo las excelencias muy mezcladas, del temperamento nerudiano.

    La visión nos parece demasiado inmediata. Falta la perspectiva inmensa que abre la historia a esa batalla término como la de Poitiers que detuvo a los hunos, como la de Granada que expulsó a los moros, como Lepanto que aventó al infiel, como todas las grandes pugnas decisivas en que la civilización europea salvó su porvenir, las que permitieron a la cristiandad seguir su curso.

    “Cantemos al Señor, que en la llanura

    venció, del ancho mar, al Trace fiero…”

    Falta el Señor.

    Neruda combate con los combatientes, y combate bien se recrea en la venganza, bien en la humillación de los soberbios, estigmatiza los huesos de los asesinos, de los profanadores:

    “Los que humillaron la curva del Arco

    y las aguas del Sena han taladrado

    con el consentimiento del esclavo,

    se detuvieron en Stalingrado”

    Idea de que las mejores expresiones también alcanzan para el inferior. Como sucede al revés en:

    “Los que la noche blanca de Noruega

    con aullido de chacal soltado

    quemaron esa helada primavera,

    enmudecieron en Stalingrado.”

    La enumeración se vuelve emocionante de esas justicias ejecutadas por manos que un día estuvieron prontas a colaborar en la injusticia. Ejemplo de cómo el destino maneja a los hombres.

    Pero falta “el Señor” y en vez de Él está excesivamente Neruda, el poeta voluptuoso, floral, pasional que concluye personalmente:

    “Guárdame un trozo de violeta espuma,

    guárdame un rifle, guárdame un arado

    y que lo pongan en mi sepultura

    con una espiga roja de tu estado,

    para que sepan, si hay alguna duda,

    que he muerto amándote y que me has amado,

    y si no he combatido en tu cintura

    dejo en tu honor esta granada oscura,

    este canto de amor a Stalingrado.”

    Bellas imágenes, líricas, plásticas, efusión un poco demasiado suave para tan sangrienta, solemne y trágica aventura.



    De ahí que se diga: —Está bien, es admirable. Y que se experimente sin embargo una vaga sensación de insuficiencia como de tarea cumplida diestramente, encargo superior, al finalizar la lectura de este “Nuevo Canto de Amor a Stalingrado”.
    Nuevo canto de amor a Stalingrado, por Pablo Neruda.

    Casi me hizo llorar. Puto Hitler, chinga tu rebomba madre mil millones de veces.

  10. #40
    Avatar de Caballero Churros Gracias Totales
    Caballero Churros Gracias Totales está en línea ols me llamo cristian y busco a chicas calientes para conversar por whatsapp
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    “Todos los pasos han quedado asegurados: ¡Cambio y fuera!”

    ¿Estoy soñando? pensé, ¿o estoy loco?

    El único mono que quedaba no me ayudó a pensar lo contrario. Estaba sentado sobre el microbús, mirando cómo los muertos se precipitaban hacia su fin. Su cara se veía tan tranquila, casi inteligente, como si comprendiera toda la situación. Por un momento creí que iba a mirarme y diría, “¡A partir de aquí, comenzaremos a ganar la guerra! ¡Al fin logramos detenerlos! ¡Estamos a salvo!” Pero en vez de eso, agarró su pequeño pene y se orinó en mi cara.

    Guerra Mundial Z - Max Brooks

  11. #41
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    el verbo Vengar.
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    Cómo decir de alguien que su papá era un pendejo y su mamá una mercenaria del amor, con churriguerescas elegancia y distinción. Artemio de Valle-Arizpe estáil.


    "El tal Nalga de Palo, que tenía lengua más larga que una bandera, hizo de la pindonga madre del Mochilón, ilustre abuela de Félix, un recuerdo afectuoso, muy delicado, diciéndole que fué más transitada que la calle de los Plateros, y que como no se aguantaba, andando siempre como sopa de casa rica, es decir, muy caliente, cada día pernoctaba en perpetuas bodas, con un hombre distinto que le satisfacía el gusto a ciencia y paciencia del marido, el Maestro Verdolaga, quien poseyó más cornamenta que un rengífero de las regiones hiperbóreas, la que le servía mucho, porque los cuernos, como los dientes, duelen al salir, pero después como ellos, son útiles para comer; que a él mismo, siendo niño, sin ninguna consideración a su edad, lo obligó más de una vez la pindonga tunanta a que le pusiera al Maestro Verdolaga algunas ramificaciones más a sus tupidos adornos frontales, pues el Verdolaga ése, padre del Mochilón, era de esos seres privilegiados que no es que uno los haga, sino que ya nacieron para serlo. El que nace para buey del cielo le caen los cuernos, dice un adagio mexicano. Siempre tuvo a su lado potentes cirineos que le ayudasen a llevar la cruz del matrimonio. Unos piensan el bayo y otros son los que lo ensillan, en lección de otro refrán".


    – El Canillitas, 1941

  12. #42
    Avatar de Viajero Astral
    Viajero Astral no ha iniciado sesión No soy sociopata, se muy bien que lo que hago está mal
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    Sacado de El extranjero de Albert Camus (el que no lo haya leído: AGUAS SPOILERS en especial el segundo párrafo, porque ya es el fragmento final del libro).

    Entonces, no sé por qué, algo se rompió dentro de mí. Me puse a gritar a voz en cuello y le insulté y le dije que no rogara y que más le valía arder que desaparecer. Le había tomado por el cuello de la sotana. Vaciaba sobre él todo el fondo de mi corazón con impulsos en que se mezclaban el gozo y la cólera. Parecía estar tan seguro, ¿no es cierto? Sin embargo, ninguna de sus certezas valía lo que un cabello de mujer. Ni siquiera estaba seguro de estar vivo, puesto que vivía como un muerto. Me parecía tener las manos vacías. Pero estaba seguro de mí, seguro de todo, más seguro que él, seguro de mi vida y de esta muerte que iba a llegar. Sí, no tenía más que esto. Pero, por lo menos, poseía esta verdad, tanto como ella me poseía a mí. Yo había tenido razón, tenía todavía razón, tenía siempre razón. Había vivido de tal manera y hubiera podido vivir de tal otra. Había hecho esto y no había hecho aquello. No había hecho tal cosa en tanto que había hecho esta otra. ¿Y después? Era como si durante toda la vida hubiese esperado este minuto… y esta brevísima alba en la que quedaría justificado. Nada, nada tenía importancia, y yo sabía bien por qué. También él sabía por qué. Desde lo hondo de mi porvenir, durante toda esta vida absurda que había llevado, subía hacia mí un soplo oscuro a través de los años que aún no habían llegado, y este soplo igualaba a su paso todo lo que me proponían entonces, en los años no más reales que los que estaba viviendo. ¡Qué me importaban la muerte de los otros, el amor de una madre! ¡Qué me importaban su Dios, las vidas que uno elige, los destinos que uno escoge, desde que un único destino debía de escogerme a mí y conmigo a millares de privilegiados que, como él, se decían hermanos míos! ¿Comprendía, comprendía pues? Todo el mundo era privilegiado. No había más que privilegiados. También a los otros los condenarían un día. También a él lo condenarían. ¿Qué importaba si acusado de una muerte lo ejecutaban por no haber llorado en el entierro de su madre? El perro de Salamano valía tanto como su mujer. La mujercita autómata era tan culpable como la parisiense que se había casado con Masson, o como María, que había deseado casarse conmigo. ¿Qué importaba que Raimundo fuese compañero mío tanto como Celeste, que valía más que él? ¿Qué importaba que María diese hoy su boca a un nuevo Meursault? Comprendía, pues, este Condenado, que desde lo hondo de mi porvenir… Me ahogaba gritando todo esto. Pero ya me quitaban al capellán de entre las manos y los guardianes me amenazaban. Sin embargo, él los calmó y me miró en silencio. Tenía los ojos llenos de lágrimas. Se volvió y desapareció.

    En cuanto salió, recuperé la calma. Me sentía agotado y me arrojé sobre el camastro. Creo que dormí porque me desperté con las estrellas sobre el rostro. Los ruidos del campo subían hasta mí. Olores a noche, a tierra y a sal me refrescaban las sienes. La maravillosa paz de este verano adormecido penetraba en mí como una marea. En ese momento y en el límite de la noche, aullaron las sirenas. Anunciaban partidas hacia un mundo que ahora me era para siempre indiferente. Por primera vez desde hacía mucho tiempo pensé en mamá. Me pareció que comprendía por qué, al final de su vida, había tenido un «novio», por qué había jugado a comenzar otra vez. Allá, allá también, en torno de ese asilo en el que las vidas se extinguían, la noche era como una tregua melancólica. Tan cerca de la muerte, mamá debía de sentirse allí liberada y pronta para revivir todo. Nadie, nadie tenía derecho de llorar por ella. Y yo también me sentía pronto a revivir todo. Como si esta tremenda cólera me hubiese purgado del mal, vaciado de esperanza, delante de esta noche cargada de presagios y de estrellas, me abría por primera vez a la tierna indiferencia del mundo. Al encontrarlo tan semejante a mí, tan fraternal, en fin, comprendía que había sido feliz y que lo era todavía. Para que todo sea consumado, para que me sienta menos solo, me quedaba esperar que el día de mi ejecución haya muchos espectadores y que me reciban con gritos de odio.

  13. #43
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    Mérida
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    Predeterminado De Historia de Nuevo México

    Ya que platicábamos de perros en otra parte del foro me vino a la mente este libro que leí recientemente, es Historia de la Nueva México de Gaspar Pérez de Villagrá, esta escrito en endecasílabos y es considerada la primera obra épica de estados Unidos.

    En lo personal me resultó un poco difícil terminarlo por el lenguaje, y porque es un poco aburrido, si acaso me gustó la parte de la batalla final contra los indios Pueblo, escrita a la manera de de Homero.

    El fragmento que voy a copiar está en capítulo 19.

    Canto Diez y Nveve

    Como Boluio el autor del castigo de aquellos que degollaron, y, como los Indios de Acoma le cogieron en vna trampa, y trabajos que padeciò por escapar la vida, y, socorro que tuuo, hasta llegar al Real de Gouernador.
    Al autor del libro se le encomendó castigar a unos soldados que habían desertado y robado caballos, así pues se tuvo que alejar del campamento para alcanzarlos y darles castigo, en el camino de vuelta los indios le quisieron tender una emboscada, por lo cual el tuvo que huir, quedándose poco a poco con cada ves menos, primero sin su caballo, luego sin parte de su armadura, y sin que comer por cuatro días.

    ...
    No creo que con mas maganta hambre,
    Al hijo dio la muerte aquella triste,
    Que al vientre le boluio en la gran ruina,
    De aquella Ciudad santa que perdida,
    Quedò por sus pecados assolada,
    Qual sucediò por mi en este hecho,
    Lleuaua pues vn perro que à mi lado,
    Anduuo mucho tiempo, y que velaua,
    Quando de noche à caso me dormia,
    Y porque ya la hambre me afligia,
    De fuerte que la vida me acabaua,
    Determinè matarle, y dos heridas,
    Le di mortales con que luego el pobre,
    De mi se fue apartando vn largo trecho,
    Llamele con enojo y oluidado,
    Del vergonçoso hecho inadvetido,
    Gimiendo mansarmente y agachado,
    A mi boluio el amigo mal herido,
    Lamiendose la sangre que vertia,
    Y assi con desconsuelo y lastimado,
    Por agradarme en algo si pudiesse,
    Lamio tambien mis mano que teñidas,
    Me puso de su sangre bien bañadas,
    Mirele pues señor y auergonçado,
    De auerle assi tratado y ofendido,
    Con tan crasa ignorancia que no via,
    Que fuego para assarlo me faltaua,
    Bajé los ojos tristes y boluiendo,
    Del hecho arrepentido á acariciarlo,
    Muerto quedò à mis pies, con cuio susto,
    Dexandolo tendido y desangrado,
    Passè aquel trago amargo, y fui siguiendo,
    Al golpe de fortuna que acabaua,
    La miserable vida que viuia,
    ...
    Se confirma pues lo que puede significar el cariño de un perro.

  14. #44
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    Tu casa que es la mía.
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    Predeterminado

    "Si por mí fuera, yo te prohibiría tener hijos. Antes, tendrías que comprobar que no eres un asno como esos que pasan la vida en el trabajo y que sepultan a los hijos en escuelas-prisiones, o en cárceles religiosas que tienen como función principal borrar la vida de los niños, tórnalos sumisos, esclavos e inútiles. Tendrías antes que mostrar tu discernimiento delante de la vida y tu serenidad delante de la muerte. Tendrías que decirme lo que comes y lo que bebes. Yo tendría que sentir tu pulso dentro del peligro, interrogarte después de una victoria y golpear a tu puerta despues de un fracaso.

    ¡Oh, Populacho!"

    —Bazzo Ezio Flavio en Manifiesto abierto a la estupidez humana

  15. #45
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    Venirme.
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    Predeterminado

    Capitulo 32, la carta de La Maga a Rocamadour.
    "Bebé Rocamadour, bebé, mon bebé. Rocamadour :

    Rocamadour, ya sé que es como un espejo. Estás durmiendo o mirándote los pies. Yo aquí sostengo un espejo y creo que sos vos. Pero no lo creo, te escribo porque no sabes leer. Si supieras no te escribiría o te escribiría cosas importantes. Alguna vez tendré que escribirte que te portes bien o que te abrigues. Parece increíble que alguna vez, Rocamadour. Ahora solamente te escribo en el espejo, de vez en cuando tengo que secarme el dedo porque se moja de lágrimas. ¿ Por qué, Rocamadour ? [...]

    "Es así, Rocamadour: En París somos como hongos crecemos en los pasamanos de las escaleras, en piezas oscuras donde huele a sebo, donde la gente hace todo el tiempo el amor y después fríe huevos y pone discos de Vivaldi, enciende los cigarrillos y habla como Horacio y Gregorovius y Wong y yo, Rocamadour, y como Perico y Ronald y Babs, todos hacemos el amor y freímos huevos y fumamos, ah, no puedes saber todo lo que fumamos, todo lo que hacemos el amor, parados, acostados, de rodillas, con las manos, con las bocas, llorando o cantando, y afuera hay de todo, las ventanas dan al aire y eso empieza con un gorrión o una gotera, llueve muchísimo aquí, Rocamadour, mucho más que en el campo, y las cosas se herrumbran, las canaletas, las patas de las palomas, los alambres con que Horacio fabrica esculturas. Casi no tenemos ropa, nos arreglamos con tan poco, un buen abrigo, unos zapatos en lo que no entre el agua, somos muy sucios, todo el mundo es muy sucio y hermoso en París, Rocamadour, las camas huelen a noche y a sueño pesado, debajo hay pelusas y libros, Horacio se duerme y el libro va a parar abajo de la cama, hay peleas terribles porque los libros no aparecen y Horacio cree que se los ha robado Ossip, hasta que un día aparecen y nos reímos, y casi no hay sitio para poner nada, ni siquiera otro par de zapatos, Rocamadour, para poner una palangana en el suelo hay que sacar el tocadiscos, pero donde ponerlo si la mesa está llena de libros. Yo no te podría tener aquí, aunque seas tan pequeño no cabrías en ninguna parte, te golpearías contra las paredes. Cuando pienso en eso me pongo a llorar, Horacio no entiende, cree que soy mala, que hago mal en no traerte, aunque sé que no te aguantaría mucho tiempo. Nadie se aguanta aquí mucho tiempo, ni siquiera tú y yo, hay que vivir combatiéndose, es la ley, la única manera que vale la pena pero duele, Rocamadour, y es sucio y amargo, a ti no te gustaría, tú que ves a veces los corderitos en el campo, o que oyes los pájaros parados en la veleta de la casa. Horacio me trata de sentimental, me trata de materialista, me trata de todo porque no te traigo o porque quiero traerte, porque renuncio, porque quiero ir a verte, porque de golpe comprendo que no puedo ir, porque soy capaz de caminar una hora bajo el agua si en algún barrio que no conozco pasan Potemkin y hay que verlo aunque se caiga el mundo, Rocamadour, porque el mundo ya no importa si uno no tiene fuerzas para seguir eligiendo algo verdadero, si uno se ordena como un cajón de la cómoda y te pone a ti de un lado, el domingo del otro, el amor de la madre, el juguete nuevo, la gare de Montparnasse, el tren, la visita que hay que hacer. No me da la gana de ir, Rocamadour, y tú sabes que está bien y no estás triste.[...]"

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