NUEVA YORK.- Paul McCartney es un buen ejemplo de aquellos pocos que disfrutan en vida de los merecidos logros del pasado y de su vigente y dignísimo presente. Y en una primavera aún fría y lluviosa, el histórico beatle conmocionó con su magnética presencia y sus himnos a toda una ciudad y diferentes generaciones.
McCartney y Ringo Starr, es decir, los dos integrantes de Los Beatles con vida, volvieron a estar juntos sobre un escenario. Fue antenoche, en una función solidaria en el Radio City Music Hall de Nueva York, llamada Change Begins Within ("El cambio empieza por dentro"), a beneficio de la Fundación David Lynch.
Esta fundación, creada en 2005, promueve la meditación trascendental en las escuelas y fue la culpable de juntar en el mismo escenario a McCartney, Starr y una decena de artistas más. Demasiado talento para una sola noche.
El Radio City es un lujoso teatro para 6000 almas enclavado en el corazón de Manhattan. Puntual como suelen ser los espectáculos en esta parte del mundo, apenas pasadas las 19.30, Angelo Badalamenti (habitual compositor de la música de las películas de Lynch) abrió el fuego con una delicada pieza instrumental. Le seguirían la gran batería de invitados, que tocaron sus grandes éxitos. Así, Moby acometió "Trouble" y "Stars", acompañado de la legendaria Bettye Lavette y una Sheryl Crow con aires hindúes hizo lo propio con una respetable versión del clásico de George Harrison "My sweet Lord". Les seguiría Eddie Vedder solo con su guitarra y luego con voz y una secuencia. El mismo Vedder acompañaría a Ben Harper en "To you now" y una elogiable versión del clásico de Queen "Under Pressure". Más tarde fue el turno de Donovan con "Wind" y el clásico "The season of the witch", acompañado por Crow en voz y Moby en percusión, para cerrar con Paul Horn, otro de los históricos, que rememoró con su flauta los sonidos de la India de fines de los años 60.
Todas las actuaciones fueron precedidas por Lynch, que presentó a diferentes personajes del show business norteamericano, quienes, a su vez, anunciaron los sets de cada artista. Así, desfilaron Laura Dern, Jerry Seinfield (una de las mayores ovaciones de la noche), el Beach Boys Mike Love y el afamado conductor radial Howard Stern, que presentó a Ringo Starr. Infaltables lentes oscuros, saco negro, remera marrón con motivos hindúes y jeans negros, el dueño de la batería beatle cantó junto a Vedder "Time come easy" y luego, pero ya desde detrás de los parches, el simbólico "Boys", para cerrar lo suyo con la pegadiza "Yellow submarine".
Clásicos de clásicos
Y llegó el momento más esperado. A más de tres horas del inicio del show, salió a escena el esperadísimo Paul McCartney. Con su tradicional bajo Hoffner, saco negro, camisa blanca y pantalón al tono, comenzó a hipnotizar a sus fans, de la mano de "Drive my car", acompañado de su habitual banda, integrada por Rusty Anderson y Brian Ray en guitarras, Paul Wix Wickens en teclados y Abe Laboriel, Jr. en batería. Le siguieron "Jet", "Got to get you into my life", ya en guitarra, para pasar al piano y arrancar las lágrimas de los nostálgicos a través del inoxidable clásico "Let it be".
Fue de la balada al frenético "Lady Madonna", y de éste, nuevamente con guitarra en mano y tiradores, para deleitar hasta al menos entusiasta con el dulce "Blackbird". Habló de su amor a Nueva York para el delirio de los presentes, de su amor por John y de allí su "Here today" en homenaje a Lennon. Saltó a "Band on the run" el himno de los Wings, e invitó a bailar con "Can?t buy me love", del repertorio del cuarteto de Liverpool.
Pero había más: la reunión cumbre de Paul y Ringo, para entonar la inconfundible y más que nunca simbólica melodía de "With a little help from my friends", que terminó con ambos abrazados al borde del escenario, ante la ovación de los espectadores. Toda una postal.
Ese fue el amago de final que trajo el esperado bis, con todos los músicos sobre el escenario (hasta el mismísimo Mike Love) para despedirse de la mano de "I saw her standing there". Antes, Paul había pedido por la paz mientras Ringo gesticulaba apoyando la moción con su ya acostumbrada ve de la victoria e invitando a rockear para sellar el encuentro.
Noche en que Los Beatles retornaron por un rato; sin George ni John en el escenario, pero sí en la memoria y con una incondicional ayudita de sus grandes amigos.
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