Te conozco.
Eras bajito de estatura.
Tenías problemas en la piel.
No podías hablar con
ellos muy bien.
Las palabras no parecían funcionar, mentían cuando salían de tu boca.
Te esforzaste tanto por entenderlos, porque querías ser parte de lo que sucedía. Los viste divirtiéndose, y parecía un misterio, casi como magia. Te hizo pensar que había algo mal contigo. Te mirabas en el espejo, tratando de encontrar qué era. Pensabas que eras feo, que todos te estaban mirando.
Así que aprendiste a ser invisible: a mirar hacia abajo, a evadir las conversaciones. Por horas, días, fines de semana...
Ah, los fines de semana, solo!
En dónde estabas? En el sótano? En el desván? en tu cuarto? Trabajando en algún lugar, sólo para tener algo qué hacer, sólo para tener un lugar dónde estar, sólo para tener una forma de alejarte de
ellos, una forma de alejarte de
esos que te hacían sentir tan raro e incómodo contigo mismo?
Alguna vez te invitaron a una de sus fiestas?
Te sentaste a pensar si irías o no. Durante horas, te imaginabas los escenarios que podrían suceder - si se reirían de tí, si sabrías qué hacer, si te pusiste la ropa correcta, si notarían que venías de otro planeta.
Te volviste valiente en tu imaginación? que tal vez irías y encajarías y te lo pasarías bien? Que tal vez serías
"El alma de la fiesta", y todas esas personas hablarían contigo, y te darías cuenta de que estabas equivocado, que tenías muchos amigos, y que en realidad no eras tan raro?
Fuiste?
Se metieron contigo? Te señalaban? Te enteraste que sólo te invitaron porque
eras raro?
Sí, creo que te conozco.
Pasaste mucho tiempo lleno de odio. Odio puro, como la luz del sol. Odio que veía por millas de distancia. Odio que te mantenía despierto en la noche. Odio que llenaba todo momento.
Odio que te ayudó a sobrevivir durante mucho tiempo.
Sí, te conozco. No pudiste entender qué es lo que veían en su forma de vivir. "Mi hogar" no era un hogar. Tu cuarto era tu hogar, una esquina era hogar, donde ellos no estuvieran - ese era tu hogar.
Te conozco. Eres sensible, y lo escondes, porque no quieres que te pisen otra vez. Es como si cada vez que mostrabas una parte de tí que fuera un poquito vulnerable, alguien más se aprovechaba de ello.
Uno de
ellos te pisaba.
Confunden la bondad con debilidad, pero tú sabes la diferencia. Aguantaste sus debilidades durante años, y sabes algo acerca de ser fuerte, porque tuviste que ser fuerte para mantenerte vivo.
Ahora te conoces bien a tí mismo. Y no confías en ellos. Los conoces demasiado.
Tratas de encontrar esa persona especial - alguien con quien estar, alguien a quien tocar, alguien con quien hablar, alguien con quien no te sentirás raro.
Y encontraste que realmente no existen. Te sientes más cerca de los que salen en las películas.
Si, creo que te conozco.
Pasaste mucho tiempo soñando, y los demás dicen que eres egoísta, que te encierras en tí mismo.
Pero no saben, o sí? Acerca de las noches solo, de los años que te acompañabas tú solo, las noches que te abrazabas a tí mismo porque nadie más lo hacía. Las horas de indecisión, dudas, la depresión intensa, el odio, la furia que te hacía temblar, la devastación del rechazo.
Bueno, tal vez si saben. Pero si lo saben, si que lo ocultan bien. Te sorprende cómo pueden vivir tan fácil, cómo pasan por la vida como si fuera un regalo divino, y te da rabia verte a tí mismo, con tus aparentes habilidades para encontrar todas las formas posibles de joderlo todo.
Para tí, la vida es un viaje, largo, aterrorizante pero maravilloso. Los pájaros cantan para tí en la noche. La lluvia, el sol, las estaciones, son amigos verdaderos.
La soledad es un aliado que se gana con dolor. Fiel, y paciente.
Sí, te conozco.